Desde la estación, utiliza pasos habilitados bajo la N-II y sigue indicaciones hacia el castillo. Pronto aparecen pinos y olor a resina. Mantén ritmo corto y constante, bebe pequeños sorbos y suelta hombros para relajar la espalda. Si vas con niños, convierte el camino en juego contando señales o escuchando aves. La colina se conquista con paciencia y buen humor.
El tramo final se empina ligeramente, pero el firme es claro. Corónate con una pausa larga en el mirador y busca el horizonte: Barcelona, el Maresme y, en días limpios, perfiles lejanos. Aprovecha para una foto serena, abrígate si sopla viento y evita acercarte a bordes. Recuerda que la cima no es el final: regula fuerzas para bajar con seguridad.
Desciende por el mismo camino para mayor facilidad o traza un bucle por pista ancha según señales. Antes de llegar al casco urbano, estira suavemente tobillos y caderas. En la estación, revisa frecuencias de la R1, elige asiento junto a la ventana y celebra el día con una bebida fresca. Comparte tu experiencia para inspirar a otros principiantes a intentarlo.
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